Use la escritura de toda la vida sin que el miedo a que "ya no sirva" lo frene.
En un cajón, dentro de una carpeta amarilla, está la escritura de su casa: escrita a máquina, con un timbre de hace cuarenta años y la firma de un notario que quizás ya no existe. Y aparece la duda: "¿esto todavía sirve? ¿no estará vencido?" La respuesta lo va a tranquilizar.
La propiedad de su casa está anotada en el Conservador de Bienes Raíces, en un libro que no caduca. Su escritura de 1975 sigue siendo válida hoy: el papel se pone amarillo, pero la inscripción no se vence. Usted no necesita "renovarla".
Lo que sí conviene, antes de vender o heredar, es confirmar tres cosas —no porque la escritura falle, sino porque el mundo cambió alrededor de ella.
Esa escritura vieja a veces trae un número viejo (el avalúo de hace décadas), y muchos creen que eso es lo que vale la casa. No lo es. El barrio cambió, llegaron servicios, y su propiedad probablemente vale bastante más.
En comunas como Peñaflor, Talagante o Melipilla, hoy una casa modesta parte desde alrededor de UF 2.800 (cerca de $110 millones) — y las que tienen sus papeles al día se venden antes y mejor. Es una orientación editorial, no una tasación formal: el número de la suya sale de tasarla de verdad.
¿Cuánto vale hoy su casa de toda la vida?
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Ayuda orientativa de Divergente Propiedades, no asesoría legal ni tasación formal: cada caso varía y conviene confirmarlo con un profesional o en el Conservador de Bienes Raíces. Las cifras son una estimación editorial para que usted se ubique. En El Puente, todo es siempre gratis.